Temas generales

DIÁLOGO ENTRE DIOS Y EL DIABLO SOBRE ARGENTINA 2° PARTE

    — ¿Acaso crees que voy a hacer tratos contigo? —Solo para tu propio beneficio, y con ello beneficiar a vuestro querido país. Recuerde vuestra majestad el trato que hizo el Dr. Fausto conmigo y lo bien que resultó.
     —En primer lugar no soy humano, luego soy tu superior y por ello me debes sumisión, y por último no le fue muy bien a Fausto. — Bueno no para él, pero si para mí. De cualquier modo espero que no te esfuerces mucho en acomodar a la Argentina porque de allí obtengo enormes ganancias. Me conformo con dos o tres décadas más y me retiro de ese paraíso infernal, porque tengo en mi agenda otros lugares tanto o más exquisitos y “tiernos” de dónde sacar enormes beneficios. Para vuestro haber mi Dios, te recuerdo tengas a bien, si es que quieres rescatar del olvido al país del sur de América aquí en el planeta tierra, que apoyo mis tácticas en: quitar de la memoria de los débiles aquellas cosas buenas vivIdas,  hacerlos esclavos de sus pasiones, sumar instintos plebeyos, refrescarles la memoria de tiempos históricos del pasado reciente, tanto como para no llevarlos a la época de San Martín y Rivadavia, que terminó con el exilio del ídolo militar, y por último,  recordarles el castigo que vuestra iglesia opera con los fieles más débiles cuando desobedecen. Y cuando eso no alcanza… recurro a la época de la “inquisición” promovida por tus secuaces, perdón: quise decir los ministros de tus iglesias,  aunque como ya está en desuso, eso lo estoy desestimando.
    — ¡Que bonito lo que me estás endilgando! Como si fuese mía tu maldad y como si yo no estuviese ocupado el noventa por ciento de mi tiempo en desarmar el nefasto trabajo del astuto “Príncipe de las tinieblas”. Aunque sin ganas quizás, debo agradecerte los estilos  y artilugios de tu estrategia lo cual facilita mi tarea, a no ser que me estés dando datos que no sean fidedignos, lo que me resulta más fácil de creer. Quisiera aclararte algunas cosas que solo las declaro entre mis más honestos seguidores, solo para que no te arriesgues a confundir una cosa con la otra. En primer lugar, contamos aquí en el cielo, con lo que llamamos el juicio final, lo cual nos permite seleccionar a aquellos que se han portado bien, de los que más o menos y de los que lo han hecho muy mal, como es tu caso. — Pero… — ¡No me interrumpas!, porque acaso yo el supremo no lo hice cuando tonterías decías. Aguarda y calla. —Vuestra palabra es una orden para mí. — Mentira, pero sigamos. Puse en la bendita tierra a un noble eclesiástico para que ordenase los destinos de nuestra iglesia. El Papa, sucesor de San Pedro, es argentino, con la única misión de restaurar la fe católica en tierras escépticas, como es la del tercer mundo, y en realidad, no sé porque lo llaman el tercer mundo, pero no importa. Él es el encargado de cumplir con la misión asignada, y en él confío. Solo hace falta un poco de paciencia y todo se va a acomodar. ¿No lo crees? Por favor se honesto conmigo  aunque sea una vez.  — Hermosas palabras de mi Señor el OMNISCIENTE, TODO PODEROSO, OMNIPRESENTE Y etc. Claro que para un discurso en un teatro del siglo dieciocho con música del gran Mozart, pero no para nosotros los modernos. Perdón nuevamente, sigo atado a mis antepasados y por eso no puedo usar lo de “moderno”, pero… sin distracciones y al grano. Su majestad me está tratando de engañar a cada párrafo y eso no es que me moleste, sino que retrasa el juicio final, si es que a donde vuestra excelencia le interesa llegar.
    Desglosemos: el Papa argentino, solo estuvo abocado a desarmar a los pedófilos de vuestra iglesia (anotad ese datos para que conozcas el poder que tengo hasta en tu propio territorio, porque yo los eduqué para ese fin) además de besar los pies de algunos y esas cosas, porque la realidad es que a vuestro querido y trabajoso país no quiso asomarse ni para una foto; además lo visitaron todos y cada uno de los corruptos que mencione anteriormente. Es cierto que a ninguno les dio carta, pero que los recibió como buenos fieles” eso no está en discusión. El tercer mundo, es una categoría que yo cree porque me molestaba que esos países se codearan con los mejores, y ahí nada hiciste para corregirlo, por lo que en mi ignorancia, entendí que lo aceptabas.
    Ya es hora de que cerremos este diálogo porque creo que poco y nada puede aportar para resolver el destino de tu querido país, muy por el contrario, cada vez más me convenzo de que su majestad lo ha abandonado. Quizás cansado de renegar para rescatarlo y eso es plausible, sobre todo para mi haber, pero viniendo de vuestra deidad, no es aceptable, y tanto bien para mí que soy perseverante y tenaz, a pesar de lo destructivo que mi Señor intenta endilgarme desde milenios, por cierto con poca suerte. Sepa vuestra señoría majestuosa, que va a necesitar más argumentos inteligentes y menos amor para combatirme, por lo menos en tierra argentina. Tengo la certeza que hoy mi Señor es un simple observador. Sin ofender, por supuesto.
    —Te has puesto muy altanero últimamente, más de lo acostumbrado, y estoy convencido que eso es porque entendiste que se acerca el fin de tu maquinaria infernal. Te has esforzado en hacer padecer a los hombres y mujeres del orbe, incluso a inocentes niños, doblegando su voluntad y oprimiéndolos solo por la absurda ambición de querer gobernar al mundo como si yo no existiera, jugando con ellos como si fueran títeres manejados por sentimientos nefastos y maléficos, con la intención de destruir mi obra, pero te advierto que si bien descuidé un poco a mi querida Argentina fue porque estuve abocado al cien por ciento en trabajar afanosamente para derrotarte, debido al daño que estás ocasionando en todo el mundo, lo que ya poco falta. Puedes convocar a un concilio de tus cardenales diabólicos para que sepan lo que se viene, y para que no digan luego que hubo de mi parte una actitud compulsiva. Espero que la fumata sea de color blanco a la hora de hacerte desaparecer, en lo posible, antes de que yo de el golpe final que acabaría con tu prepotencia y malignidad. Has llegado al colmo de la destrucción y yo al colmo de la paciencia, que solo la tuve para que el resultado fuese duradero por los siglos de los siglos. ¡Estás avisado Satán!
    —Mi estimado Dios y Señor. Me parece que estás tomando las cosas muy a la tremenda, yo en tu lugar obraría con más calma, por si acaso tu estrategia fallase. Si mal no recuerdo, siempre te has apoyado en la humanidad pero no siempre tuviste éxito. Por lo demás, debo abandonarte porque me llaman desde un país del Caribe terrestre, una tal Venezuela, porque parece que se me está escapando de las manos. Seguro su alteza ha estado interviniendo allí también. Mis más respetuosos saludos y que las sombras te acompañen.
    —Te equivocas en lo referente al apoyo recibido de los humanos, hoy son muchos millones más, más longevos que siglos atrás, y con más deseo de amor al prójimo y a la bondad, que al odio y la maldad. Hasta pronto Don demonio, dales mis respetos y advertencias a tus malignos seguidores, anticipándoles las buenas nuevas celestiales, y aunque brames por ello, y aunque te desgarres en la oscuridad, vas a pagar por tus pecados. Nunca lo olvides ¡Soy el Dios de todos, inclusive el tuyo!

FIN


!YA NO ERES AQUEL! (Poesía)

Te miras y te miras
Y no te encuentras.
¿Será que tus ojos ciegos están?
¿O será que en vano buscas
A una persona velada
Envejecida y olvidada
¿Que no existe ya?
*
O quizás sea una ilusión
Que ya no se puede ver
 Porque fugaz pasó.
O que sin darte cuenta
En tu pasado inmóvil quedó,
Para acariciar a esa otra
Que sin  querer la violentó.
*
No temas en vano.
Un legado en tu haber existe
Que puedes intentar rescatar.
Pero si no lo has de lograr,
Rogar quizás deberías,
Porque si desahuciada está
jamás volverá.
*
 
Lo puedes corroborar
Si te animas a bien mirar.
 Bastaría solo con observar
En el espejo de tu alma
Que aunque cruel, siempre justo será,
Y que si no lo tratas de empañar
¡Una verdadera imagen te dará!

DIÁLOGO ENTRE DIOS Y EL DIABLO SOBRE ARGENTINA (Primera parte)

DIÁLOGO ENTRE DIOS Y EL DIABLO
(SOBRE ARGENTINA)
 
 
    —Aquí estoy mi Señor a vuestro llamado; sin demoras y con toda la buena predisposición para servirte.
    —Mi ángel perdido Sr. Devil. Te he convocado y te agradezco que asistas después de tantas decenas de años sin atenderme porque tengo entendido que has estado “trabajando” desde hace bastante tiempo en un lindo país que tanto trabajo me ha costado crear. Estoy hablando de la Argentina. Un lugar exquisito desde todo punto de vista el cual según me comentan mis arcángeles, se encuentra desde hace tiempo bastante estropeado social, moral y económicamente. Te pregunto: sabiendo que la falta de límites pueden estropear todo lo bueno (en este caso todo lo malo) que se pretende conseguir, ¿no crees que ya podrías dejar de maltratar a esa pobre nación?
    — ¿Pobre nación? me parece que mi amo y Señor se contradice bastante. De pobre entiendo no tiene nada, y según Vos, la creaste con mucho trabajo; y lo que mucho trabajo da, muy pobre no ha de ser. Sin embargo, me veo obligado a darte la razón en algún punto. La falta de límites es un problema,  pero… ¿acaso vuestra deidad no ha sido menos limitante que yo vuestro servidor?
    —Eso es imposible, y en tu afán de desprestigiarme estas inventando hipótesis que me pueden poner de muy mal humor, si no acaso, recurrir a la ira en contra de vuestra persona, que dicho de paso, de persona no hay nada dentro tuyo. Además, me molesta bastante que me contradigas sin argumentos, así que habla y suelta todo lo que se te ocurra de una vez, que pronto lo voy a desarticular para demostrar que el Sr. Mefisto es un mentiroso y ruin para la humanidad.
    —Allá voy si tienes tanta premura, y me extraña tu falta de respeto; mentiroso, ruin… bueno, lo dejaremos pasar, solo porque de vos viene. ¿A caso mi Señor, no fuiste tú quien permitió sostener en el tiempo el sistema que tanto me costó idear?
    — ¿A que te refieres mi querido Lucifer que no acierto a entenderte? ¡No te agrandes!, lo de querido es solo para salvar tu molestia por los agravios bien merecidos esgrimidos recientemente.
    — ¿Será que vuestra excelencia está perdiendo la memoria y no recuerda los hechos en tiempos recientes  que aunque para los humanos son muchos años y generaciones, para nosotros son apenas insignificantes períodos de tiempo medidos en nuestro reloj celestial?
    —Sigo sin comprender, y al grano que no tengo mucho tiempo para perder en bobadas, ya que el trabajo que tengo en la tierra sin contar el de otras estrellas que por cierto son más obedientes, es bastante para mí solo.
    —Entiendo y a tu pedido allá voy. Conseguí para vuestro querido país un sin número de personas corruptas para que gobernasen la nación, además creé sindicatos perversos, instalé con herramientas quirúrgicas empresarios prebendarios que importe de Europa, manipule a dirigentes de todos los colores políticos, y a todos los tenté con  dinero, poder, e  impunidad, y… ¿por cuánto tiempo?;  pues ya llevo varias décadas  y pronto a cumplir un bicentenario terrestre sin que tu acción me los haya bajado del podio… y: ¿ahora no entiendes que es lo que pasa y porque yo maltrato a tu querido país?; pues bien, tú me lo has permitido, así que, el calavera no chilla. Perdón, sin intención de faltar el respeto a Dios nuestro Señor, solo que es una frase que aprendí codeándome con mis muchachos allá por Buenos Aires. Demás está decirte Señor mío, que ninguno se ha negado o resistido a tal ofrecimiento, sino por el contrario, “chochos“ los colaboradores. Igualmente, y por eso me castigo todas las noches rezando un padre nuestro a espaldas de la cruz, olvidé pedirles que no compartan esos beneficios con los más vulnerables para que las ganancias fueran más cuantiosas, lo que al final no fue necesario porque a ninguno le nació la idea de mejorar la vida de la población, sino por el contrario, la codicia subyugo a la piedad. Recordad por favor que fueron tus discípulos los que establecieron los siete pecados capitales, y decimos capitales, por ser la “cabeza” o generatriz de otros de menor peso. Ahí te subrayo el primer pecado sin castigo. “Codicia” que poco me cuesta instalar.
    —Como es tu costumbre mi muy perdido Belcebú, estas tirando golpes bajos que por supuesto sé atajar antes que lastimen. Si no intervine, fue porque otorgue un poder especial a los hombres de bien que allí habitan; espíritus benignos, para que resuelvan los problemas en mi nombre. A la par, ideé un sistema allá por la antigua Grecia, hoy por cierto mucho más actualizado, con el nombre de democracia, que tiene el poder de autoregular los abusos, controlar cada uno de los estados del poder gobernante, eliminando además la tiranía y la demagogia en pos del ciudadano. Y no sé aún cuando, porque hace tiempo que estoy desconectado de Argentina, pero estoy seguro que pronto  lo van a resolver.
    —Que estás desconectado de Argentina es un tema pendiente que tus fieles reclaman, pero tu ingenuidad corrobora las anotaciones que voy llevando en un cuaderno donde acuso con tinta transparente cada una de las esperanzas en torcer mi mano que has estado esgrimiendo, aun sin lograrlo. ¿Acaso no sabes que tu pueblo, me refiero al de tu amado país Argentina es también un país lleno de personas perezosas?, y  ahí va otro pecado capital. Y digo perezosas por no decir cómodas o incluso algo holgazanas, a las cuales se las puede comprar con unas cuantas chapas de cartón y bolsas de fideos en épocas de elecciones de tu afamada democracia, con tal de no sudar una sola gota de agua bendita, que seguro se encuentra en la frente de cualquiera, una vez bautizados con tu beneplácito.
     Jamás será un pueblo para la lucha, y cuando digo lucha me refiero a lucha pacífica, antes de que me tildes de instigador a la guerra, la cual actualmente en otras regiones, estoy teniendo bastante éxito con esa forma exquisita de resolver los problemas, y donde tú no das abasto para frenarlas como últimamente ocurre; con todo respeto. Me pone muy contento que tu omnipotencia esté declinando porque facilita mi tarea. Demás está decirlo, pero después de tantos milenios uno se va agotando. No sé si a su majestad le ocurre lo mismo, quiero pensar que mucho más que a mí, pero me reservo la opinión para que no me trates de prejuicioso.
    —Ahora entiendo por donde va y a dónde quiere llegar mi ángel desobediente y perdido. Debo reconocer que tu habilidad para provocar es notable y eficaz, pero no puede funcionar conmigo. Argentina es un país joven que tiene que aprender a madurar y a cultivar su espíritu para lograr una mejor calidad de vida, y yo, en eso, le doy la absoluta libertad para conseguirlo. ¿O crees que sería duradero si yo aplicase mi poder para torcer su proceso evolutivo? Con ese pobre pensamiento… me tendría que dedicar a madurar todos los frutos verdes que dan los arboles de mi tierra, y eso ¿que beneficio traería? Fácil mi querido Lucifer; que todos se pudrirían antes de ser comidos. Muy inteligente el señor Satanás. ¿Acaso me creíste tan tonto?
    —Me complace enormemente que mi Señor tenga un buen argumento, pero es mi obligación recordarle que la libertad que Vos decís otorgarle a tu pueblo, yo la convierto en libertinaje en un subir y bajar de mi tridente rojo que he heredado de mis antepasados y que tanto me identifica, solo con el fin de entretenerme, divertirme y provocar a los benefactores que moran en el cielo donde Vuestra excelencia habita. Y paso a explicar: en el camino hacia la madurez, muchos no solo no llegan a madurar, se mueren aún verdes; y eso es un mérito tuyo mi Señor que casi como mi aliado me favorece. ¿Sería poco respetuoso decir que en algunas cosas somos socios?, porque lo que Vuestra excelencia hace me beneficia sensiblemente y sin ningún precio que pagar. Quizás no conozcas bien a tu pueblo de Argentina. Hablando de frutos maduros o verdes, también podemos mencionar su voracidad alimentaria que roza con la gula, mi pecado capital preferido, aquel que por un trozo de carne asada es capaz de robar, en lugar de ganárselo con su labor. Argentina… Argentina que lindo país para mostrar mucho de lo malo que estoy instalando en vuestro mundo. Rico, abundante, generoso en sus frutos y ¡tan pobre! ¡Ay mi querido Señor, que poco mundo terrenal tienes! Tu idealismo está matando mucha gente, y eso a mí me reconforta. Pero con el ánimo de corresponder a los favores que tú me haces casi sin darte cuenta, te podría ayudar a remediarlo. Te invito a pasear por el norte de tu lindo país, para que veas la miseria que hay, y después, en un simple vuelo de águila, nos metemos de lleno en la metrópolis, en cualquiera, y vamos a poder distinguir el abismo entre ambas. Bueno… ahora se le llama “brecha”, para que tú puedas corregirlo. ¿Que os parece mi estimadísimo Señor?

APOCALIPSIS

El mundo está en vilo hoy quizás mas que nunca, porque los desafíos que la humanidad tiene desbordan la capacidad de ser frenados, y no es por falta de tecnología, sino tal vez por su uso excesivo. Solo para enumerar algunos, voy a enlistar los más acuciantes: La proliferación de las armas nucleares y el interés por ser usadas. Hay en el planeta Tierra (en el de ellos, porque no es el nuestro!) más de 54 conflictos territoriales, algunos ya en guerra; el cambio climático y el poco interés en abordarlo con fuerza; la muerte y/o desnutrición infantil casi sin importar las consecuencias en las futuras generaciones; terrorismo; fanatismo religioso; droga; trata de personas; venta y/o comercialización de niños y adolescentes; delincuencia juvenil en el más alto nivel de promiscuidad; el futuro de la IA, que no se sabe bien hacia donde puede terminar apuntando. Etc. etc. Y ¿como resumimos esto?. Hay varias formas: estupidez al más alto nivel (RAE); o, codicia, o salvajismo, o poder desenfrenado, o falta de límites, concepto que ha dejado de existir, o todos juntos. Ejemplo: La distancia entre clases sociales; fortuna del 2/3% de las personas más ricas del planeta, mal canalizadas; la desafortunada ambición de los laboratorios farmacéuticos y de sus socios del sistema de salud, que restringen el acceso a la oportunidad de seguir viviendo y solo lo pueden obtener las clases privilegiadas por falta de políticas estatales, o por su proximidad con ellas, como si hubiera algún contrato tácito que pocos conocen, y muchos ejemplos más. Eso indica la desigualdad y la falta de humanismo, sin que sea necesario regalar nada claro! (vale la aclaración. El comunismo ya fracasó). Y porque: porque como sociedad mundial, estamos fallados de origen (nacimos defectuosos), porque nacemos con esa individualidad egoísta y depredadora sin mirar a nuestros costados como si no existieran. No quiero ser dramático, aunque quepa el drama, pero las esperanzas son pocas y están en manos de un puñado de hombres y mujeres, que aún no tomaron conciencia del desastre, o lo deforman con noticias falsas y engañosas. Tal vez cuando logren medirlo, ya sea demasiado tarde. No va a ver un arca para rescatar a la humanidad del diluvio, porque el diluvio va a ser «lluvia nuclear» o infinitas muertes, y tarde o temprano vamos a sucumbir, a no ser que convoquemos a un concilio mundial con los principales lideres políticos, espirituales y económicos del mundo, para que salven al planeta y a la humanidad, del cada vez más próximo «APOCALIPSIS MUNDIAL». A los creyentes les pido: recen mucho! o invoquen la llegada del salvador antes de que sea demasiado tarde! A los no creyentes, les digo: sigan luchando como hasta ahora, o dupliquen el esfuerzo. Como decía Sarmiento: «con la pluma con la espada o con la palabra» Cada uno con su herramienta. PD. en Marte no nos quieren recibir! Los genios, ¿ya tiene idea de a donde refugiarse? Tito Livio

El libro del Apocalipsis es el último del nuevo testamento, y es el único del género apocalíptico. Fue escrito por Juan en la isla de Patmos en 96 A.C. En el se describen los cuatro jinetes, que se ven al abrir los cuatro primeros sellos del capitulo seis, por el cordero de Dios (Jesús) El caballo blanco; el caballo rojo; el caballo negro, y el caballo pálido. Los jinetes representan el juicio de Dios sobre las crisis humanas, espirituales y naturales que preceden al regreso de Cristo.
Apocalipsis 6.2 Cuando se abrió el primer sello vieron un caballo blanco. El que iba sentado en él, tenía un arco y le fue dado una corona, y salió venciendo para completar la victoria. Era el Jinete de la conquista o de la victoria
Cuando abrieron el segundo sello: Apocalipsis 6.4 vieron otro caballo color de fuego, rojo y al que iba sentado sobre él, se le concedió quitar la paz sobre la tierra, y le fue dada una espada. Era el jinete de la guerra.
Cuando abrieron el tercer sello Apocalipsis 6.5 vieron otro caballo color negro, y el que iba sentado sobre él, tenía en su mano una balanza. Era el jinete del hambre.
Cuando abrieron el cuarto sello, vieron otro caballo color pálido amarillento, y el que iba sentado sobre él tenía el nombre de “Muerte”, y los espíritus difuntos (Hades) venían siguiéndolo de cerca. Era el jinete de la peste y la muerte

POESÍA TRISTE

«EL OLVIDO»

    La luna llora cada noche
Porque la humanidad está triste,
Hasta que el sol por la mañana
Le enjuaga las lágrimas.
*
La gente resignada deambula
De uno a otro lado
Perdida en la incertidumbre
Como si fuese imposible sanar,
*
Producto de su incierto futuro
Y de su estado maquinal,
Sin llorar y sin reír
Y a veces, casi sin hablar.
*
¿Cuánto se puede soportar
En la misma situación?
Años, lustros, décadas.
¡Quisiéramos! Llevamos siglos.
*
Los motivos se naturalizan:
Miseria, hambre, racismo,
Guerras, destrucción, peste,
Injusticia, y  más. ¡Tanto más!
*
Pero a esta receta le falta
El peor de los ingredientes.
No es la maldad, ni el egoísmo.
Es el “olvido”
 
Porque si alguien es responsable,
Ese alguien es indiferente
E indolente, no omnipotente,
     Y se olvido de la humanidad.
 *
      Un paisano se acerca a su viejo caballo,
Y en demostración de compasión,
Le pide que no tenga miedo a morir
Porque él lo ama.
*
Tan simple para un hombre sencillo,
Tan complicado para un ser poderoso
Que perdió la memoria,
O acaso nunca la tuvo.
*
¡Amor! Sublime sensación
De creer que somos eternos,
Hasta que nos damos cuenta
Que solo somos invisibles…
*
Y que pronto seremos
Parte de esa humanidad
Que esperó y esperó,
¡Pero terminó olvidada!
*
La noche se aleja a sabiendas
Que pronto va a morir,
Y la luna olvidadiza espera con fe
El advenimiento de la “LUZ”.
Tito Livio

UN CUENTO PARA ARMAR

Un abuelo octogenario con simulada falta de memoria, y un nieto de seis o siete años, ávido de emociones, aventuras y desafíos propios de la edad, se unen en este cuento, bastante didáctico y entretenido
    —Hola abuelito.  —Hola Grillito, ¿ya desayunaste?  —Si abue. ¿Qué estás leyendo en ese libro?
—Son cuentos para niños.  —Uy… ¿Son divertidos?  —Son para pensar un poquito. ¿A vos te gusta pensar?  — Claro abuelo, siempre me gusta pensar. — ¿Y que te gusta pensar? —bueno, lo que más me gusta pensar es en los paseos con mami y papi, en la plaza con vos y en algunas tareas de la escuela, pero no las cuentas; ¡eso no me gusta pensar! Abuelo, ¿porque no me lees un cuento de esos que están en ese librito?— Bueno Grillito; pero no lo voy a leer porque me gusta contarlo; prestá atención.
    Un nene que se llamaba José fue a andar a caballo y después de un buen rato de galopar se cayó porque el caballo se asustó cuando vio entre sus patas una pequeña víbora, y brincó tanto tanto que José saltó de la montura, como si estuviera sentado en un resorte. Y colorín colorado este cuento se ha terminado. —Pero abuelo, eso no es un cuento, además siempre terminas con colorín colorado — ¡Como que no! Ya sé; no me prestaste atención o te lo olvidaste ¿Querés que te lo cuente otra vez? —Bueno abuelo no te entiendo, pero contámelo otra vez a ver si lo puedo entender. Me parece que vos no tenés muchas ganas de contarme un cuento abue, o estás apurado. ¿Las víboras asustan a los caballos? — ¿Como que no tengo ganas de contar te un cuento? Claro que tengo ganas, ¿que yo estoy apurado?, no puede ser, porque soy viejo, y los viejos no están apurados. Sí, los caballos se asustan con las víboras y también con el fuego. — No sos viejo abue, sos un poco viejo, pero no tanto. —Seguimos. José, que en su casa le decían Joselito porque era pequeño y travieso, se fue sin permiso a andar a caballo al medio del campo cuando su mamá estaba ordenando la cocina y su papá no había regresado del trabajo. Y colorado colorín, este cuento ha llegado a su fin. —No abuelo, me dijiste que se había caído del caballo. —Claro, pero eso ya pasó. ¡Me parece que vos no me estás escuchando con tus dos orejas Grillito! A propósito, ¿sabes porque te dicen Grillo, y a veces Grillito?  —Sí, me contó mamá que cuando era bebé, o sea cuando era muy pequeñito, siempre estaba chiyando como los grillos pero no lloraba. ¿Eso es bueno no abue? —Muy bien; si eso es bueno, pero no se dice chiyando, sino chillando. Así que ahora tenés dos nombres. Lucio y Grillo. —Sí, pero… ¡Grillo no es un nombre! — ¡Es un buen nombre! El día de mañana te van a decir: buen día señor Grillo, buenas tardes señor Grillo, lo esperan en su oficina señor Grillo, y otras tantas frases más. — Bueno, pero no me terminaste de contar el cuento. — ¡Ya te olvidaste otra vez! —Pero es que… —No te preocupes, te lo vuelvo a contar. ¿Querés? —Dale abue, pero que yo lo entienda porfa. — ¿Que significa porfa? No importa no nos distraigamos.
      Empezó a llover mucho, estaba oscureciendo y cuando José se dio cuenta, la casa había quedado bastante atrás, entonces comenzó a sentir mucho miedo, y las lágrimas corrían por sus mejillas. Y llorando llorando el cuento se fue acabando. — No abuelo, no puede ser, habíamos quedado que se había ido sin permiso a andar a caballo. — sí, pero eso fue antes. ¡Vos me parece que estás distraído pensando que ya es hora de ir a la calesita! —Ya me perdí abuelo, aunque sea decime cómo se llamaba el caballo. —Ya te lo había dicho antes pero seguro te olvidaste. No te preocupes, te lo puedo repetir muchas veces sin cansarme ¿sabes? Se llamaba Pastor pero le decían Pastorcito. —que lindo nombre abuelo, más lindo que el mío. —No creas, porque llamarse Lucio es muy importante y Grillo es más lindo aún. Te voy a contar una vez más el cuento, pero traeme un vaso de agua que de tanto repetirte el cuento se me secó la garganta. ¿Vos tenés la lengua seca? — Sí. — entonces traé dos vasos con agua, pero el mío más lleno, porque yo hablo más que vos.
    Ahora que volviste, me parece que estuviste en la cocina tomando mucha agua, — No abue, no tomé agua, solo… —No importa, seguimos con el cuento. Resulta que un señor que estaba arreando unas ovejas, lo vio tirado en el suelo todo embarrado, le preguntó donde vivía, y lo ayudó a levantarse. Y peripin periposo ya terminó este cuento hermoso. —No abuelo, me estás engañando, la última vez me dijiste que llovía mucho y se hacía de noche, y ahora es otra cosa. —Pero porque vos no me prestas atención y te distraes con los vasos de agua uno más lleno que el otro y claro… te olvidas. Haber decime: ¿que fue lo primero que pasó? — ¡Ya sé!, que se cayó del caballo. —No, eso no fue lo primero que pasó, pero te lo voy a contar otra vez a ver si tenés buena memoria. ¿Tenés buena memoria? —Si abuelo; en la escuela me dice la seño que tengo mucha memoria, una cantidad grande de memoria — ¡Escuchá! Joselito estaba llorando por haber desobedecido a sus papás al escaparse sin permiso, y además porque lo iban a poner en penitencia. Y verdoso verdín, este cuento llegó a su fin. —No abue, ¡hoy no vamos a la calesita! Mmm… Ya me acuerdo que fue lo primero que pasó, que Joselito se había ido a andar a caballo sin permiso. —Parece que ahora se te destaparon las orejas. ¡Muy bien Grillito! ¿Y después que pasó? —Que se había alejado mucho y se había caído del caballo. — ¿Y porque se había caído? —Porque apareció una víbora y el caballo se asustó, porque los caballos se asustan con las víboras ¿sabías? —Eso sí que es tener memoria. ¡Excelente!, yo creí que era el fuego lo que asustan a los caballos — ¡Bueno también!  —Ahora que estás poniendo mucha atención, te voy a contar el cuento otra vez, así cuando seas grande te lo vas a acordar para contárselo a tus nietos. Había una vez un niño travieso, que cuando regresó a su casa con la ayuda de un señor que arriaba ovejas, hizo la promesa de nunca escaparse sin permiso. Y desde allí hasta aquí, no queda nada más que decir. Lástima que tu hermanita Sofía no estuvo; no importa, otro día le contamos un cuento a ella. ¿Que te parece Grillito? —Sí pero que sea más fácil abue, para que no nos duela la cabeza de tanto pensar. Y abue, ¿que penitencia le dieron a Joselito? — ¿La penitencia… la penitencia? ¿Sabes que se me olvidó?
 
FIN
 
 
Tito Livio

ROBERTO J. PAYRÓ

SÍNTESIS BIOGRÁFICA

       Considerado el primer corresponsal de guerra argentino, Roberto Jorge Payró nació en Mercedes provincia de Buenos Aires el 17 de abril de 1867. Cursó sus estudios en el colegio San José. Entró en el periodismo a los quince años como colaborador corrector de El Comercio. Trabajó en el Sud América y La razón. Fue sumando crónicas de viaje desde el liberalismo, comprometiéndose luego con el socialismo moderado. En 1889 funda el periódico “La Tribuna” que más tarde termina quebrando. Su ingreso en La Nación en 1892, le proporciona una economía modesta, y el ejercicio de su pluma como escritor curioso y hurgador. En ese primer Centenario de la República Argentina suceden transformaciones sociales que encuentran obstáculo en la elite política y sus costumbres.
Tras la agitación obrera y represión sangrienta del 1° de mayo de 1909, se traslada a Bélgica donde termina (1910) una de sus mejores novelas. “Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira”
    Durante la primera guerra mundial allí en Bélgica, se alista como enfermero y comienza con su “Diario de un testigo” La policía allana
su casa y lo detienen, confiscando sus libros y escritos, aunque poco tiempo después lo liberan.
     Payró vuelve a Buenos Aires y retoma su trabajo como periodista. Escribe algunas piezas teatrales y muere el  5 de abril de 1927.
Sus crónicas y viajes le ofrecieron material para escribir las “cartas chilenas…”. Viajó por la Patagonia, Catamarca, Salta, Tucumán y Jujuy. Sus obras más famosas son: Cartas chilenas escritas por un argentino – La Australia Argentina – En las tierras del Inti –  El casamiento de laucha – Pago chico. Y como se dijo anteriormente,
Las divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira. Sus obras son un relato
en tono picaresco en el que el protagonista, avispado, amoral y cínico pero no exento de simpatía, aspira a vivir sin trabajar.
    En su epílogo de”Cuentos de pago chico” escribe:
Lector que risueño o adusto, has recorrido con interés o desgano estas páginas aparentemente superficiales, ¿sabes a que espectáculo hemos asistido juntos sin saberlo? ¡Pues nada menos que a las primeras palpitaciones de
una democracia en gestación, y a los primeros desperezamientos de una gran Ciudad en la cuna… Así como lo oyes!
 

Pasaje abreviado de: «Cuentos de Pago Chico»


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