Costa Azul, Agosto 30 de 1999
 
    Sr. Armando. He leído su carta varias veces para entender los motivos que lo han llevado a cometer ese delito, sabiendo que las malas compañías terminan dañando a varios miembros de una familia, o incluso a familias enteras cuando se peca de inocencia, o de desinformación, pero no es su caso. Le hago esta lectura de lo que a primera vista saco en conclusión, porque de alguna manera Ud. me autorizó a ser honesto en mi apreciación. En primer lugar y por conocer la causa desde adentro, además de la repercusión  mediática que tuvo, hay hechos que no me está contando, y no tiene la obligación de hacerlo, es cierto, pero si me miente, no nos vamos a llevar muy bien. Cuando salió bajo fianza intentó escaparse a Bolivia pero resultó que un gendarme lo identificó como “marcado” y lo detuvo. En su bolso llevaba material para imprimir dinero falso, por lo que además de infringir la decisión del juez de no salir del país, su intención seguía siendo la falsificación de dinero, o ya en un proceso avanzado de investigación suya, estaba incursionando en títulos públicos como bien se demostró con algunas fotos encontradas en su bolso. Esto modificó completamente la causa, pasando de ser un caso de malas compañías, a un caso de organización delictiva. Una asociación ilícita. Porque, porque su amigo el vago, no desapareció como Ud. acusa, sino que, ni bien se enteró del allanamiento, se trasladó con el financista por vía terrestre a Bolivia, donde actualmente la Interpol los sigue buscando.
    Le voy a ser lo más sincero que pueda. En su carta me deja un par de indicios que me hicieron dudar de su confesión, por lo que me puse a indagar su caso. En realidad, no soy quien para abrir juicio sobre su proceder porque el tribunal que lo juzgó ya lo llevó adelante, pero no puedo ayudar a quien me dice cosas que no son ciertas, porque estaría traicionando el espíritu de mi motivación. Textualmente copio lo que casi al final de su carta Ud. escribe; “Bueno… esta es mi historia, que aunque sea mediocre en cuanto a la falta de profesionalidad, la ingenuidad mía y mi escasa experiencia en estas cosas, me ha destruido por dentro”.  Yo noté claramente que se estaba culpando por su falta de profesionalidad, y eso está reñido con el sentimiento de dolor o arrepentimiento, y más acorde con la premisa de que: “hay que mejorar”. Lo último que quiero recalcar es que, según mi parecer, Santiago, su hermano, no lo juzgó por haber caído en una trampa, o por querer salir de la situación de pobreza en la que se hallaba la familia de manera fácil, sino por considerarlo un delincuente, seguramente por eso no lo está perdonando.
    Le propongo un desafío nuevo, si es que está interesado en abordar. Hagamos borrón y cuenta nueva. Envíeme una nueva carta contando la verdad, para ver si realmente lo puedo ayudar o no. La premisa es saber si Ud. necesita ayuda, combatir su aburrimiento, o solo usarme para llegar a su hermano, en cuyo caso, no hubieran hecho falta los detalles de su causa. Por otro lado, intente acercarse a su hermano con sentimientos verdaderos de dolor por los hechos cometidos, y súplicas de perdón por saberse una mala persona para con él, para con su madre, y para con la memoria de su padre. Vuelque sobre el papel la intención de corregirse y rectificar el daño cometido en cuanto recupere la libertad, eliminando definitivamente el riesgo de volver a las “andadas”. Quizás esa sea la única oportunidad de reconciliarse con su hermano. ¡Piénselo! Y sepa que mi única intención es ayudar, no abrir juicio. Si no está dispuesto, por no poder hacer mas nada, ¡esta sería nuestra última comunicación!
Saludos
Domingo Pródigo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio