¡Hola Míster enigma! Me llamo Patricia pero todos me conocen por Rachel. Te quiero decir que acá estoy vegetando como una lechuga, pero no fresquita, sino marchita y oscura. Pensá que recién tengo 36 años y voy a estar metida 8 años más con buena conducta, pero la sentencia es de doce. ¿Como la vida puede dar un vuelco en un abrir y cerrar de ojos no? Pensar que ayer nomás estaba disfrutando la libertad y hoy estoy encanutada acá en la cárcel. Bueno, eso de disfrutar la libertad es solo una forma de comparar dos tipos distintos de rejas. Claro que la calle resulta más apasionante que los pabellones, pero allá tampoco era dueña de mis actos, ni de mi tiempo libre, ni tampoco de mi intimidad. Acá se vive de otra manera; no tenés contacto con el exterior, pero si te portas más o menos bien, la podes pasar bastante piola, salvo por la comida. ¡Es un asco! Ahora estoy medio noviando con otra reclusa jovencita que me cayó bien de entrada, y eso me deja sobrellevar mejor este encierro. Sabes que es una chica de 26 que le rompió la cabeza a su padrastro y luego lo roció con alcohol y lo prendió fuego. Pobre… el tipo la quería violar a toda costa y la madre lo incitaba a hacerlo. Eso sí que es una desgracia, un verdadero trauma. Le dieron 14 años, o sea que va a salir a los 38, porque ya lleva 2 entre rejas. Yo la quiero de veras, porque me da pena, pero también me cuido de no ser la próxima. Vos entendés; no vaya a ser que la mina sea medio tocada y zas, me la ponga a mí también. Acá aprendí casi de prepo a cuidarme hasta de mi propia sombra; pero eso, las más de las veces son fantasmas que en la cárcel crecen como el yuyo en el terreno, no hay que darle demasiada importancia o te volvés paranoica; ¿así se dice?
Distinto es el caso mío. Yo trabajaba en la calle para un proxeneta bien malandra y matón, se llama Valentino, de esos que te cagan bien a palos si te ven hablando con la yuta o conversando mucho tiempo con algún tipo porque creen que los estas denunciando, y si te querés hacer la guapa, se la toman con tu familia; ellos saben donde vivís y con quien, así que es mejor hacer caso y calladita la boca. Tampoco te podes retirar porque los podes denunciar. Lo bueno es que hacía bastante buena guita para llevar a casa, eso se lo tengo que reconocer. Allá está mi vieja con 60, un hermano menor de 28 y una malcriada de 22. Con ella es con quien tengo más problemas, porque el tema de la guita fácil le rompió la cabeza y quiere seguir mis pasos, por más que le recontra expliqué que no es fácil, pero bueno, ahora perdí el control de lo que ella hace y la veo por mal camino. Ahí yo soy la culpable porque le di el ejemplo de primera mano, pero hay que pensar que yo tampoco supe que hacer para salir del pozo, y lo que te prometen suena fabuloso hasta que te das cuenta de que es una tortura. No sé cómo no lo prohíben.
Tanto como para hacer una pausa porque contar todo esto me pone la piel de gallina, te quiero pedir si te podes poner en contacto con mi familia para saber cómo están las cosas por allá. A mí no me quieren responder; les envié un par de cartas y nadie me contestó. Los llamé por teléfono y cuando le dicen que es una llamada por cobrar, cuelgan. No sé que más hacer. Me dijeron que vos son un tipo buena onda y que colabora con nosotras ¿Me podes ayudar? La dirección es Cochabamba 233 entre Pichincha y Matheu, es un conventillo, y el teléfono es 27- 2075, está en un pasillo con un techito para la lluvia, cuando suena, el primero que atiende le grita al que corresponde. Somos 8 familias en habitaciones en fila con un corredor que las une.
Bueno me acabo de tomar un vaso entero de agua para poder seguir. La cuestión es que una noche yo estaba haciendo piernas en Palermo y de repente y a mis espaldas, un tipo me agarró por las mechas, me metió en el auto y me puso unas esposas agarradas en la manija de la puerta, empecé a gritar y a patalear hasta que sacó un chumbo y me apuntó a la cabeza. Era un cana. No te imaginas el cagaso, tanto es así que me oriné encima. Llegamos a un Depto. en Belgrano y La Rioja cerquita de once, un bulo de dos ambientes de la peor clase, todo roñoso y mal oliente. Subimos, era un tercer piso por escalera. Ni bien entramos se sacó el arma, se desvistió, me tiró en la cama y empezó a abofetearme hasta que los cachetes me hervían de dolor y de impotencia mientras me sacaba la ropa a jirones; parecía una fiera enjaulada a punto de ser soltada. Y ¿que pasó?, que intentando frenarlo un poco le pedí con voz sumisa que me dejara ir al baño porque estaba toda meada, mientras le acariciaba el cabello. No sé de donde saqué esa idea, pero el muy calentón aceptó, y cuando se quiso meter en la cama, agarré la pistola de la mesa y lo apunte. A mí me temblaban las manos y las piernas se doblaban como si fueran de plástico, pero él se puso más rabioso de lo que ya estaba, salto de la cama para tirarse encima mío creyendo que no le iba a disparar, pero en cuanto dio dos pasos, le pegué dos tiros, uno le dio en el brazo y el otro de lleno en el corazón. Ahí tenés porque estoy donde estoy. La próxima te cuento como sigue esta historia, el juicio y bla bla bla. Chau querido; cuando salga, te puedo pagar el favor de la forma que quieras. Llamá a mi casa por favor ¿eh?