19 de setiembre de 1999
Sr. Pródigo.
Le envío la carta que le escribí a mi hijo.
Saludos y gracias por estar.
 
CARTA TARDÌA A UN HIJO PRESENTE
(Endosada por el corazón)
Amadísimo hijo!
     No creas que te extraño, porque se extraña a los que no están; tampoco acudo a la nostalgia porque está reñida con lo anterior. Ni siquiera extraño tu vos y tus risotadas porque te escucho a diario,  así que, no me gustaría que si leyeras esto lo tomes como un pensamiento frio y conformista. Soy fuerte pero no tanto como tú lo fuiste en todo momento, incluso en los últimos. Te fuiste corriendo a un viaje muy largo  mientras yo apenas caminaba. Peleaste con el viento y yo me cubría la cara. Estuve pero no alcanzó. Estuviste pero tampoco alcanzó. Falto más tiempo, tanto, como por lo menos hasta mi muerte (ya sé que es egoísmo). Recuerdo muchas cosas pero olvido las importantes.
      Solo quiero que sepas que estás vivo dentro de mí y que estoy siempre a tu lado. El momento no ayuda a comprender del todo lo que pasó y porque pasó. Tampoco logro entender que un padre sobreviva a un hijo, salvo que éste se hubiera ido a la guerra. Quizás la guerra existió pero con armas distintas a las  convencionales, y contra enemigos más siniestros. Pero ya no importa. La vida es corta si no la sabes disfrutar, y se estira increíblemente si vivís a pleno, no por la cantidad de años vividos, sino por la intensidad con que se viven, como fue en tu caso.
    Ahora las palabras no pesan, o pesan menos que los hechos. Quiero que sepas que siempre te amé aunque no lo supe demostrar totalmente. Pero de una cosa estoy convencido, y aunque parezca tarde, quiero decirte que no puedo aceptar que no estés. Así que para mí estás… Estás por todas partes, de día y de noche, a cualquier hora, en cualquier momento y en cualquier lugar. No creo que esto signifique arrepentimiento o culpa, o tal vez sí. En tal caso si no pude ayudarte lo suficiente, te pido perdón desde lo más hondo de mi corazón, y con el más sumiso  sentimiento de humildad y hombría. Si querés podemos llorar juntos, pero lo que no podemos hacer ninguno de los dos, es… lamentar lo que somos, y lo que fuimos, porque esa es la esencia de la vida. SER
Papá
PD. Es mentira que no te extraño, sufro horrores el no tenerte en cuerpo y alma y no lo puedo remediar. No sé llorar, pero quizás no haga falta porque no todos los que lloran sienten.

1 comentario en “Carta 18 Carta tardía a un hijo presente”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio