Costa Azul, Junio 15 de 1999
Al señor Antonio Arauzo.
Estimado Antonio (y lo de estimado no es peyorativo, porque hasta no saber más de Ud. no debo abrir juicio, sabiendo que Ud. ya cuenta con por lo menos dos). Ante todo le pido disculpas por la tardanza en la respuesta, debido a la cantidad de gente que me escribe de distintos penales, tanto de Argentina, como de algunos países limítrofes, lo cual me obliga a responder por orden de llegada. Esto de por sí aclara su duda sobre si soy la persona que Ud. creyó encontrar, mitigando además en parte la ansiedad que creo, generó la tardanza de estas líneas.
Como le digo… efectivamente mantengo correspondencia con presos olvidados por la sociedad, y esto involucra a familiares, amigos, allegados y profesionales que deberían impartir alguna contingencia psicológica, además de la ausencia de la iglesia, que para los creyentes, podría funcionar como un crisol espiritual. Sin embargo, hay excepciones que definitivamente no puedo atender, y son: Los pedófilos, o abusadores de menores en cualquiera de sus formas; los terroristas y los narcotraficantes de cualquier nacionalidad, y los sanguinarios patológicos, o sea aquellos que matan por un morboso placer. Por lo demás, si Ud. no pertenece a ninguno de estos grupos, le ruego me escriba, que con mucho gusto estaré respondiendo.
Mi más respetuoso saludo
Domingo Pródigo.
PD. Le pido a Ud. paciencia, si tardo más de lo considerable en responder.