Costa Azul, Julio 24 de 1999
Señor Raimundo Achaval
Antes de entrar en el tema que supongo es de su interés, permítame que señale un par de cosas que son para destacar. En primer lugar no me molesta que me tutee, aunque tengo el habito de no hacerlo con quienes comparto correspondencia, solo por mera costumbre. No entiendo el tuteo como una falta de respeto, sino como un signo de familiaridad. Lamentablemente no puedo borrar la costumbre de no adoptarlo en mis cartas. En cuanto a las faltas de ortografía que Ud. señala en su carta, y por las cuales pide disculpas, sepa que todos, cuando comenzamos a escribir lo hacemos cometiendo errores, lo bueno es que cuanto más escribimos y más leemos, vamos mejorando y corrigiendo nuestras faltas. Así que ya que su compañero de celda lo ayuda con esa tarea, sería bueno para Ud. intensificar la rutina. Por supuesto que entiendo lo que escribe, pero me cuesta un poco más de trabajo descifrar cada palabra; para eso se crearon las normas de la escritura, para que todos nos entendamos mejor.
Yendo de lleno a su caso, evidentemente el diablo ha metido la cola donde no debía, pero como es su costumbre y siempre está al acecho, no se lo puede subestimar. Como si de una fábula se tratase, justo cuando Ud. iba a lastimar al ladrón para que no se escapara, el hombre, instintivamente giró y recibió un contundente palazo en el cráneo. Bueno, era de esperar cosas parecidas cuando se intenta hacer justicia por mano propia. Entonces Ud. me dirá que no era su intención; seguro que es verdad, pero el hombre está muerto en vez de estar en el lugar que Ud. ahora ocupa.
Ya el razonamiento que acabo de enunciar, no sirve para volver atrás, lo hecho, hecho está, pero sirve quizás para entender que al final, con estos arrebatos terminamos haciéndonos daño a nosotros mismos. Si hay alguna enseñanza que podamos utilizar a futuro, en cualquier aspecto de nuestra vida, incluso y más aún allí, en la penitenciaría, es: tomarnos cinco minutos antes de accionar. Tiempo suficiente para evaluar si conviene o no conviene. ¿Ud. piensa que lo podría ejercitar en cualquier situación, aunque sea un simple acto sin valor alguno? Por favor, inténtelo
Otro tema es que no comparto su parecer en cuanto a que el ladrón era más pobre que Ud., y que tenía que dar de comer a sus hijos. Hay muchos hombres pobres que tienen que darle de comer a sus hijos, pero que no adoptan la criminalidad para solucionar ese drama. Buscan alternativas decentes, como ofrecerse para hacer tareas de mantenimiento, limpieza, ayudante en cualquier taller, etc., incluso salen a pedir. Solo hay muy pocos casos excepcionales que justifiquen esa modalidad. ¡Piénselo! El ladrón andaba en bicicleta. Seguramente el abogado defensor usó esa artimaña para justificar su accionar y agravar su condena.
En fin…no me ha contado Ud. nada acerca de su vida familiar actual. ¿Está en pareja?, ¿tiene hijos? ¿Qué edad tiene? Solo algunos datos para conocerlo mejor, siempre y cuando no le resulte incómodo. Al despedirlo hasta una nueva carta, espero te hayan resultado provechosas estas líneas que acabo de compartir. Saludos fraternos
Domingo Pródigo
PD. Se me escapó un tuteo. ¡Bueno… no tiene importancia!