Dolores, setiembre 7 de 1999
Estimado Raimundo.
    Siempre fui de la idea de que nunca hay que perder las esperanzas porque entonces nos quedaríamos vacíos. De ahora en adelante, mi sugerencia es que retome la senda que lamentablemente se quebró por culpa del destino y la falta de autocontrol. Todos los pensamientos que Ud. tenía para salir adelante y ayudar a su familia en Santiago, deben ser retomados, planeando ahora que hay tiempo de estudiar bien todos los detalles en cuestión, de como va a ser la nueva etapa que le tocará vivir una vez obtenida la libertad. Reunir dinero trabajando duro en su oficio, que cada vez es más demandado por empresas y particulares, quizás si se atreviese, formar un grupo de tareas paras independizarse y convertirse en emprendedor, adquirir en cuanto se pueda, algún vehículo barato pero útil, comprar de a poco herramientas, y lanzarse a buscar trabajo por su cuenta. No es preciso ser una empresa multinacional (esto como broma) pero si como para empezar a ser su propio patrón. Son cosas que se me ocurren y que son posibles de creer. Conozco unos cuantos paisanos suyos y otros de Paraguay, que están en esa carrera, así que no es nada que Ud. no pueda lograr. Es cierto que la calle está un poco dura, pero los buenos “medio campistas” saben gambetear hábilmente para no caer en la trampa del equipo contrario. En esto sería muy favorable que lo hable con su amigo Antonio, que quizás su opinión valga mucho más que la mía. Es un ingeniero.
    Por el lado personal el mejor consejo que le pueda dar, es insistir con las cartas a su familia en Santiago, para recordarles que falta poco para su llegada, y con ello renueve sus esperanzas, las de ellos, claro. Incluso esa joven con la que andaba de novio, quien sabe si no lo está esperando aún. Como dije al principio, no hay que perder las esperanzas. Otra sugerencia que le puede ser útil, es que intensifique su aprendizaje de la escritura y la lectura, y cualquier otro tema que le otorgue más independencia cultural. Algo de geografía, otro poco de historia, y con eso se va a sentir más auto estimado. Seguro que se pueden conseguir algunos libros en la biblioteca del penal. Hay que aprovechar el tiempo  muerto allí, como si estuviera en un colegio, encima no hay que trasladarse hasta el.
    Bueno Raimundo, espero que estas líneas le sean útiles, y que pronto me pueda contar como está invirtiendo su tiempo allí en el penal.
Le mando un abrazo
Domingo Pródigo

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