Hola maestro me dicen el pincha pero en realidad me llamo Jony Stuart. Estoy necesitando me consigas una salida de dos días solo eso, y después vuelvo, ¡te lo prometo! Tengo que arreglar algunas cuentas con mi cuñado que fue el que metió acá adentro. Me dijeron que sos un tipo que puede conseguir lo que sea. Estoy dispuesto a pagarte lo que me pidas razonablemente claro; tampoco voy a permitir que me robes ¿no? La cuestión es que el muy maldito me presentó a una “amiguita” para que nos divirtiéramos un poco, vos sabes de que te hablo, pero el muy jodido me dijo que era una muchacha piola, que no era de botonear a la jermu de uno, y que además no me iba a extorsionar, lo único que pedía era que la tratasen bien y que le pagasen la tarifa fijada y nada más. Pero nada que ver, la mina era de lo peor, una jodida en todo el sentido de la palabra. Cuando empezamos a salir todo parecía bien, pero pronto mostró la hilacha. Cada vez me pedía más guita y me amenazaba con contarle todo a mi mujer. Incluso dijo que tenía fotos que me comprometían. Así que lo llamé al maldito de Ernesto, el hermano mayor de Sonia mi mujer para contarle que la mina ésta me estaba volviendo loco. ¿Y que me dijo el muy sinvergüenza?… que me las arreglara yo como pudiera, porque yo me había metido en eso por mi cuenta. ¡Casi lo estrangulo! En fin: Eso no sería nada. Traté de hacerle entender a Raquel que lo que estaba haciendo no era lo que habíamos acordado, pero no me dio ni cinco de bola. Me puso un plazo de una semana para que le consiguiera el dinero que me pedía, o iba a ir a hablar con Sonia. ¿Te digo la verdad? Caí en un estado de depresión, que casi me funde. Mi mujer quería saber que me pasaba, mi hija no sabía que hacer para contenerme, todo se desmoronaba como un castillo de naipes en menos de dos meses. Al final lo llamé a Ernesto y le pedí que me la sacara a esta loca de mi vida, pero el sinvergüenza me dijo que lo único que se podía hacer era “cagarla bien a palos para que no jodiese más” la tenía que llevar al bulo que él tenía en Beiró a una cuadra de la Gral. Paz y que allí nos podíamos librar de esta chica por un buen tiempo, sino acaso para siempre, si entendía lo que le podía pasar de insistir. Me pidió que llevara la plata para mostrársela a Raquel para que fuese más fácil someterla. Así fue que la invite una tarde al departamento de Ernesto para entregarle el dinero que me había pedido, que dicho de paso era una suma bastante salada. La verdad es que yo sabía igual, que aunque le hubiese dado la guita la cosa no hubiera terminado ahí, por eso no lo hice de una, porque siempre intuí algo extraño. Cuando llegué estaba Ernesto y Raquel conversando amigablemente y tomando vino blanco. Todo parecía normal, pero algo me decía que había gato encerrado. Nos pusimos a conversar, pero la vista de Ernesto no la sacaba de mi bolso. Palabra va palabra viene, la cosa fue que mientras todo parecía una reunión de amigos, era una trampa mortal. Me levanté riéndome de una broma de Ernesto para ir al baño, y al rato de volver empecé a sentirme un poco mareado, primero pensé que era el vino, pero después de unos pocos minutos nomás caí en un sueño profundo. Cuando desperté, Raquel estaba muerta tirada en el piso, Ernesto había desaparecido con mi bolso, y yo tenía una pistola en mi mano.
Mientras trataba de reaccionar viendo lo ocurrido, entraron rompiendo la puerta cuatro policías de civil, me pusieron las esposas y me llevaron detenido. Después me enteré que llegaron porque habían recibido una denuncia anónima. Todo apuntaba a que yo era el asesino, porque la 9 milímetros tenían mis huellas, y sobre la cama había unas cuantas fotos comprometedoras que me ligaban a la muerta. ¿Que te puedo decir? Que el hijo de puta me arruinó la vida, es poco, que mi señora no me creyó nunca que su hermano era un mafioso, que se quedó con mi dinero, y todo porque tuve una aventura. Caí como un chorlito. Él me hizo la cama para robarme, y para que no lo pudiese matar si estuviese libre, mató a la chica y me drogó para parecer el culpable. Y funcionó. Por lo menos hasta ahora. Porque decidí cobrármelas todas juntas. Mi abogado tampoco me creyó mucho, y su defensa estaba teñida por mi conducta de infiel, pero una cosa es ser infiel y otra muy distinta es ser un asesino. Claro que el que tiene mala fama no puede convencer a nadie de su inocencia. Acá estoy para pagar una condena por 12 años, y de la cual no me voy a poder zafar, pero de una cosa estoy convencido. A ese tipo lo mato por mis propias manos o lo hago con un tercero. Por lo menos voy a sufrir una condena por haber cometido un crimen.
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20 de setiembre de 1999