Carta N° 23 Hola papi. No sé si te acordás de mí. Soy Patricia, o Rachel, como más te guste llamarme. Te estoy escribiendo porque nunca me respondiste. Algunas acá dicen que estuviste enfermo, otras que te fuiste de viaje, y las más que te retiraste porque ya no querés saber más nada con nosotras. La cuestión es que no sabemos nada de vos. Espero que estés bien y no hayas abandonado el oficio de “carteador” ¿Existe esa palabra? Bueno no importa, la acabo de inventar. Hoy es un día de mierda porque está lloviendo, por eso me animé a escribirte. Dicen que los días trece y veinte seis son pájaro de mal agüero; mucho no creo, pero por las dudas lo nombro solo porque hoy es domingo 26 de setiembre, y al parecer la lluvia no le da bola a la primavera. Quizás no recuerdes mi caso, por eso te voy a refrescar la memoria. ¿Te acordás que un cana me llevo esposada al bulo de Once, me recagó a palos y por eso le pegué dos tiros que terminaron con el tipo muerto tirado en el piso en un charco de sangre y yo acá adentro? Bueno, resulta que cuando llegó la policía por la denuncia de un vecino del edificio que escuchó los disparos, me llevaron a la taquería y me trataron de lo peor, claro, imaginate, había liquidado a uno de ellos, yo, una prosti, una mujerzuela como ellos nos llaman. No me dejaron explicar nada y me dieron una golpiza peor que la que me dio el hijo de puta que me arrastró de las mechas al auto. Después de estar 15 días en la comisaría a pan y agua y a maltrato diario, me llevaron a una alcaldía en el centro, creo que en tribunales, y ahí estuve como un mes, por suerte, con mejores tratos. Un día vino un tipo de traje y corbata a tomarme una declaración, después me enteré que era un fiscal, y al final me dijo que si no tenía abogado me iban a poner uno gratis. Ahí respiré aliviada, ¿de dónde iba yo a sacar guita para garpar a un abogado? Todo bla bla bla, hasta que al final me trajeron acá, después vino el juicio y los abogados de la policía dijeron que yo había subido por mi propia voluntad, y que como era una “trabajadora sexual” (mirá el término que usaron), era para reírse, pero no se podía, teóricamente había aceptado tener contacto con el maldito cana. Bueno maldito no dijeron, eso lo digo yo ahora y acá, pero no hubo caso, mi abogado, que no era mío sino que era también de la poli, como después me enteré, no consiguió nada a mi favor, aunque sea para disminuir la pena, nada. Dijeron que yo no tenía golpes ni marcas, ni sangre en las uñas, y el cadáver no presentaba ni siquiera un rasguño. Eso era verdad, pero lo que no entendieron era lo que hubiera pasado si no lo mataba. El tipo estaba pasado de alcohol y falopa, y de seguro me hubiera matado a golpes, encima lo hubieran absuelto igual porque era cana, así que de una u otra forma igual terminaba perdiendo, o muerta por los golpes o presa por prostituta. Por lo menos ahora estoy viva, y voy a salir de acá cuando sea, no sé, porque ya perdí el paso del tiempo, y además el granuja no jode más a nadie. Si bien lo miras, creo que salí ganando, aunque hubiera ganado más si no me hubiese topado con este canalla. El proxe, ese Valentino piojoso desapareció del mapa, ellos te cobran porque dicen que te protegen pero minga, ni me protegió, ni siquiera me puso un abogado. Son todos iguales, una mierda de persona, pero la culpa siempre fue mía por meterme en este antro, si ya sé, ahora es tarde, pero bueno… aunque sea si le puede servir a mi hermanita para que no cometa el mismo error que yo, sería grandioso. ¿Te pudiste comunicar con mi familia? Bueno, por lo menos escribime aunque sea para decirme que no querés saber más nada ¿ok? Te mando un beso, y espero novedades pronto. Por favor no me mandes cartas ni los 13 ni los 26 ¿ok? Ah. Las chicas quieren saber más de vos. ¡Chau!

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