Carta N° 27 Luján 21 de octubre de 1999
Sr. Rubén. Estuve leyendo su carta y la que le envió a su hijo fallecido. Ambas tienen una forma de escritura bastante singular o especial, y supongo que ese es su estilo literario. Me conmovió sobremanera la “carta tardía a un hijo presente” es muy profunda desde el punto de vista emocional, y a su vez es concisa y está bien estructurada; me parece digna de un escritor de avanzada. A juzgar por esa carta se me ocurre que su forma literaria debe ser valorada por los lectores de obras serias, por lo que podría aumentar, mejor dicho, recuperar el éxito que otrora supo cobijar. Quizás a su público le interese conocer su historia, sobre todo si estuviera escrita de manera sencilla, con humildad y cuando es acompañada de arrepentimiento y dolor por la familia de la persona atropellada. Acaso con ello consiga un doble objetivo. Por un lado pedir perdón por el sufrimiento ocasionado, siempre que involucre un verdadero y genuino pesar; y por otro, conseguir la aprobación del mundo editorial para que se publique como una obra de primera calidad literaria. Eso es lo que realmente pienso y que espero que Ud. evalúe. Entiéndame bien por favor; estoy tratando de decirle que podría servir para aliviar su espíritu más allá del resultado estrictamente económico; y no como el usufructo frívolo de la tragedia de toda una familia. Tal vez sirva donar parte de lo recaudado a los deudos del muerto. Piénselo.
Por mi parte, quiero comentarle que me estoy retirando de esta maravillosa tarea de responder cartas de personas detenidas que no tiene la contención de sus seres queridos o allegados, porque problemas de índole personal me obligan a hacerlo. Quizás en otra etapa de mi vida pueda retomar este hábito que tanto reconforta mi espíritu, sobre todo cuando me entero que mis palabras pudieron ayudar a sobrellevar esos momentos de tanta desolación con mayor esperanza. O no tan directos, a veces el solo hecho de ser leídos, se sienten escuchados y eso les produce la sensación de no sentirse solos, abriéndoles las puertas de la ilusión. Me despido de Ud. con la idea de que va a hacer lo correcto de ahora en adelante, por su bien… y por el bien de la familia sufriente.
Hasta siempre
Domingo Pródigo